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Charles Dickens, en una nota que tengo ante mí y en la que alude al análisis que en cierta ocasión realicé sobre el mecanismo de “Barnaby Rudge”, dice: ‘¿A propósito, se ha dado cuenta de que Godwin escribió su “Caleb Williams” de atrás hacía delante? Primeramente enredó a su protagonista en una maraña de dificultades, que forman el segundo tomo, y después, para completar el primero, le lanzó a la búsqueda de cuanto pudiera servir de explicación a lo que había hecho’.

 

Escribe Edgar Allan Poe. Y aunque Poe no está del todo de acuerdo con Dickens, es un apasionado de los galimatías teóricos y se pone a calibrar las ventajas derivadas de escribir al revés:

Hay un error de raíz, pienso yo, en la manera en que habitualmente se estructura un relato. O bien la historia aporta una tesis -o ésta viene sugerida por algún incidente circunstancial-, o todo lo más el autor se aplica en combinar acontecimientos sorprendentes con el único fin de proporcionar una base a su narración, generalmente en la esperanza de que mediante descripciones, diálogos y comentarios personales podrá llenar todos los intersticios que de los hechos o la acción, página tras página, se ponen de manifiesto (…)

 

Mormotea.

El autor echa de menos los caminos de ida y vuelta, tiene interés por verle la tramoya a las obras de otros:

A menudo pienso lo interesante que podría ser leer un artículo en donde un autor describiera -es decir, si pudiera- paso a paso y detalladamente el proceso mediante el cual alguna de sus obras vio el acabado final. El por qué semejante artículo nunca se ha escrito es algo que escapa a mi entendimiento, auque es posible que dicha omisión tenga que ver más con la vanidad de los autores que con ninguna otra causa. La mayoría de los escritores -y, sobre todo, los poetas- prefiere dar a entender que compone en una especie de delicioso frenesí -o intuición extática- y en verdad se echarían a temblar si se dejase al lector escudriñar entre bastidores, quedando al descubierto la elaboración, las vacilaciones del pensamiento en bruto, los verdaderos propósitos logrados tan solo en el último instante (…)

 

Soy consciente, por otro lado, de que no suele darse el caso de un escritor que se halle en condiciones de volver sobre sus pasos para mostrar cómo llegó a sus conclusiones. En general las ideas acuden al espíritu de forma atropellada, y de igual modo se las persigue y son olvidadas.

 

Poe debía ser terco y amigo de retos. Pese a las dificultades del proyecto, en “La filosofía de la Composición” nos explica, sin dejar resquicios, cómo escribió el poema “El cuervo”. Con este libro abre otra brecha literaria, su especialidad era inaugurar géneros.  Después de él han sido muchos los autores que nos han dejado escudriñar entre sus bastidores.

Marta Sanuy

Lecturas recomendadas: La filosofía de la Composición. El principio Poético. Edgar Allan Poe. Editorial Langre

Vinieron las lluvias

El horror en Londres

El forastero misterioso

Yo estoy bien, tú estás bien

La hoguera de las vanidades

Scarlett

El valido

Volvoreta

La muerte de Iván Illich

Narraciones

La hoja roja

La conducta de los animales

Perestroika

De la Tierra a la Luna

Relatos

La tía Tula

El baile de los malditos

.

y la última página era siempre

la primera del libro siguiente.

.

Gonzalo Escarpa

Lectura recomendada: todos los libros del mundo

Imagen: poema visual escultórico de Ebon Heath

El cambio que implica la autoedición ha modificado nuestro modo de leer y  de escribir. Si hablamos con propiedad los blogs son sólo un soporte, pero creo que el hábito en este caso hará al monje, y que  el uso del formato ya está gestando un interesante híbrido que va a repercutir en nuestro concepto de lo literario.

Pero si el blog fuera un género, ¿a cuál se parecería? ¿Se trata de un autorretrato interrumpido? ¿Es similar a un diario?

Quizá todos los blogs se parezcan a su dueño ( si te fijas detenidamente, todas las novelas se parecen a sus autores), pero también reciben influencia de muchos géneros, pues son sobre todo mestizos. Cada bloguero mezcla en su coctelera la dosis que prefiere de poesía, diario personal, boletín informativo,  historias breves, opinión social y política, género epistolar,   diálogo,  monólogo íntimo o novela por entregas, y agita. Los textos pueden ser suyos o de otros: escribir con palabras de otros en el blog es un interesante modo de subrayar y compartir lecturas. Cada blog tiene infinitos lectores potenciales, o ninguno;  hay lectores silenciosos y parlanchines, y existe la posibilidad de que pongan notas; la inmediatez de la comunicación también ha modificado irreversiblemente la distancia entre el lector y el autor.

En un blog no sólo se cuenta con la palabra como recurso:  la imagen, el vídeo o la música implican, además de un nuevo modo de escritura, un nuevo concepto, más amplio, de lectura. Los blogs divulgan contenidos culturales de otro modo, similar al boca-a-oreja.  El que nos cuenta dice con frecuencia: “mira”.  Además los blogueros se influyen, se glosan y se comentan.

Hace poco leyendo a Bioy Casares encontré dos afirmaciones que me recordaron a los blogs. Cuenta en Bioy Casares a la hora de escribir los fracasos de sus primeras novelas, que no le gustaban a nadie, y cómo se curó de tantas deficiencias gracias a un trabajo que le obligaba a escribir reseñas continuamente y que le soltó la mano. Es curioso que alguien, con todos mis respetos y mis afectos, tan estirado como Bioy Casares, aceptara de tan buen grado que lo suyo no era genio, sino oficio. Estoy segura de que los blogs sueltan la mano, vacunan contra el peor enemigo de la escritura, la discontinuidad, la inconstancia. También decía Bioy que escribir es como poner una habitación nueva a la vida, y un blog viene a ser eso: contar con otra habitación.

Marta Sanuy

Lectura recomendada: Bioy Casares a la hora de escribir. Editorial Tusquets.

Meske Mienne, joven escritor javanés, colaboraba con el diario más humilde de su humilde ciudad desde hacía dos años. Como Meske se sentía escritor, no podía evitar incorporar en sus crónicas –después de días y días refiriéndose a la recolección de la caña de azúcar o al anodino censo de las numerosas especies autóctonas- detalles no del todo verídicos, barnizados con el tufillo de su imaginación, lo que le valía el enfado del bigotudo director, que amenazaba siempre con despedirlo para después aceptar que no podía permitirse prescindir de un redactor en un diario tan pequeño de una ciudad tan pequeña.

Una noche Meske incluyó en la sección de sucesos del diario la noticia de que un enorme dragón amarillo, dotado de seis alas afiladas, llegaría a la ciudad y llenaría sus calles de fuego, asolando las tierras y haciendo hervir a la reducida población.

El bigote del director comenzó a temblar cuando al día siguiente se encontró con la noticia publicada en la segunda página del periódico, así que Meske fue finalmente despedido. Parsimoniosamente recogió sus escasas pertenencias y se enfrentó a la calle, vacía a aquellas horas tan tempranas. Para Meske no sería sencillo encontrar algún otro trabajo, así que echó a andar por el camino de tierra con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el horizonte, súbitamente iluminado por el brillo vibrante de seis alas doradas.

Gonzalo Escarpa

Lectura recomendada: El cuarteto de Buru, Pramoedya Ananta Toer. Ed. Destino.

Imagen:  campos de arroz en Mengwi

Que su lector no lo crea. Porque el trabajo de un narrador es, precisamente, interrumpir la incredulidad del lector:

Si el espectador o el lector recuperan su incredulidad antes del final de la obra, ésta ha fracasado.

Dice el erudito Bioy Casares recordando a Colerigde.

A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados; la ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.

El narrador tiene la función notarial, autentificadora de los actos del habla; lo que dicen sus personajes puede ser erróneo o directamente falso, pero el escritor y su representante en el texto, el narrador, no pueden permitir que el lector los cuestione. Con la literatura somos más exigentes que con la vida real, queremos más coherencia o bregamos de otra manera con lo improbable.

“Lo imposible verosímil es preferible a lo posible pero no convincente”

Dijo Aristóteles.

Para U. Eco el juego de la ficción exige del Lector-Modelo que no se plantee dudas sobre la verdad o falsedad de lo que el narrador le cuenta: en caso contrario, el mecanismo de la interpretación se bloquea y la vivencia de la ficción no llega producirse.

Fue Kant quien dijo que “hacer como si” era una condición necesaria para entender. Luego Paul Ricoeur retoma la idea y la convierte en el centro de sus teorías :

El mundo del texto no es un dato empírico, sino que, en cuanto producto de la imaginación se inscribe en el ámbito de lo posible; se trata de un mundo regido por la lógica del “como si”.

Con el hagamos como si, una propuesta de lógica interna, el narrador construye los puentes entre los universos de ficción y los lectores. Luego la orilla del mundo representado, del mundo posible, se aleja o acerca de la del mundo real, pero ése es otro tema, y es que desde esta pregunta se pueden disparar otras y en muchas direcciones:

¿La realidad es también una construcción mental?

¿Por qué los seres humanos están necesitados de ficciones aun sabiendo que son pura simulación?

¿Cómo se influyen el mundo real y los mundos posibles?

Marta Sanuy

Lecturas recomendadas:

- Bioy Casares Bioy Casares a la hora de escribir, Editorial Tusquets.

-Paul Ricoeur Tiempo y narración, Edit Cristiandad

-Umberto Eco, Tratado de Semiótica General, Lumen.


Imagen: William Kentridge

La poesía se escapa de los textos, resbala de los libros dispuesta a convertirse en boca de león, en signo exclamativo, en zepelín. Hablan de ella, y ella habla de ellos. Entonces muchos dicen “ese árbol es poético, ese cine es poesía, esa felicidad es un poema”.

Pero es que la poesía es otra cosa. La poesía, que no se debe notar cuando es escrita, huye de los poetas cuando estos la acorralan.

Hay quien la sabe descifrar, darle brazos y piernas, activarla.

Jerry Rubin (fundador del movimiento yippie, “demasiado políticos para los hippies, demasiado hippies para los políticos”) logró que más de 2000 personas deambularan por Nueva York anunciando el falso final de la guerra de Vietnam en 1967. Unos meses antes se había colado en el edificio de la Bolsa con unos amigos para repartir billetes de dólar gratuitamente y había intentando ocupar el Pentágono, frente al que plantó una bandera del Vietcong.

Su mensaje es sencillo: “el papel del revolucionario consiste en crear una situación que genere un marco de referencia revolucionario”.

Sustituye “revolucionario” por “poeta” y “poético”. No existen situaciones más o menos poéticas per se, pero sí es posible provocarlas.

Poetas: a las armas. O a las almas. No entiendo bien la diferencia.

Gonzalo Escarpa

Lectura recomendada: Do it! Escenarios de la revolución. Jerry Rubin. Blackie Books.

Se lo preguntaron a Juan Eduardo Cirlot en una entrevista en 1968 :

…para que un libro exista no es preciso ni siquiera editarlo, ni aún escribirlo. Basta haberlo pensado verdaderamente. Hay placas de resonancia y de registro en el universo que tienen más valor que los oídos o las miradas del oyente y del lector, aunque éste no sea jamás desdeñable.

(…) Si publico pocos ejemplares es porque creo que, en la actualidad, es muy difícil, o casi imposible, interesar por una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa. La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene una resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo.

Tuvimos suerte, Cirlot escribió muchos libros y su obra, sobre todo el ciclo de Bronwyn, es cada vez más conocida y valorada.

Pero, ¿quién es Bronwyn?

Una tarde de verano Cirlot conoció a Bronwyn en una pantalla, en la película de Franklin Schaffner El Señor de la Guerra. Bronwyn  es un nombre de mujer, el nombre de una doncella céltica que vivió hacia el año 1000 de nuestra era en Brabante y a la que en la película da vida la actriz Rosemary Forsyth.

“Nada sucedió después del visionado de la película”, dice su hija, Victoria Cirlot, en el prólogo de la editorial Siruela, ni siquiera una crítica, “pero Juan Eduardo Cirlot vio la luz de Bronwyn”. El amor de Cirlot por Bronwyn fue fértil y diverso. “Nos amábamos como ahora sólo en sueños soy capaz de amar”, dijo.

Cirlot concibió su poética como una investigación del ser y también como la exploración del espacio de lo antirreal, de lo que no acontece jamás. Experimentó con permutaciones, músicas al estilo serial de Schoenberg, Berg y Webern, y practicó una poesía hermética, pero también escribió poemas diáfanos:

Mira, son las nubes

¿te subes?

El ciclo Bronwyn está formado por dieciséis libros que poco parentesco formal tienen entre sí, pues van del soneto a la poesía fonética.

Como investigador escribió estudios sobre simbología y hermenéutica medieval. Pocos libros de consulta son tan recomendables para pensar, para reconocerse o para escribir como su Diccionario de Símbolos.

Marta Sanuy

Imagen: fotograma de El Señor de la guerra.

Lecturas recomendadas:

- Bronwyn.
- Diccionario de los Ismos.
- Diccionario de símbolos.
Juan Eduardo Cirlot. Editorial Siruela

La literatura es un gran juego de palabras. De eso sabe mucho Màrius Serra, el fundador de www.verbalia.com, el país de los verbíboros. Me divierte el cartel que acabo de ver en un blog, que cambia el nombre de Zapatero por el de Zetaparo. También me gustó aquel otro que, trastocando ligeramente el mensaje original, anunciaba oficialmente: “Puerto Rico para los puertorrisueños”.

La hermana bastarda del calambur (que en italiano viene a significar algo así como “bromear con la pluma”) y el juego intencionado ha de ser con seguridad la errata (“caries de los renglones”, según Neruda), que es siempre divertida salvo para el escritor que la sufre y el editor que la vislumbra. Hace poco me topé con un ejemplar maravilloso en un librito que se refería a la famosa obra de MacLuhan como “El medio es el masaje”.

El sabio de la errata es Pepe Esteban. Y a ese animal probablemente autónomo y bivalvo le dedicó hace tiempo su Vituperio (y algún elogio) de la errata, en el que se recogen casos tan intensos como el de aquella e que mudó en o para ofrecer a los lectores de Arroz y tartana, de Blasco Ibáñez, un luminoso “Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño fruncido”.

Gonzalo Escarpa

Imagen: prensa nacional

Lectura recomendada: Vituperio (y algún elogio) de la errata. José Esteban. Renacimiento.

Link: http://www.literalia.tv/programacion/leer-os-hara-libros/edicion-10.asp

¿Con qué se piensa?

Cuenta Rafael Sánchez Ferlosio en Vendrán más años malos y nos harán más ciegos que, según Jean Piaget, cuando a un niño se le pregunta con qué se piensa contesta sin dudar:

-Con la boca.

Él hizo la prueba cuando su hija tenía tres años y recibió la respuesta prevista, que no dejó de asombrarle -lo previsto también asombra-  y le azuzó las ganas de averiguar más:

-Sí, pero ¿cómo se piensa?

A lo que la niña, otra vez sin dudar, le respondió:

-Mira, así:  mmmmmmmmmmmmmm.

Estoy convencida de que el arte de la conversación es el de  recuperar la capacidad de pensar con la boca, de concederse el tiempo del mmmmmmmmmmmmmm en el que batir extrañamientos con el otro, para que las palabras no se agrupen en un caparazón de rezos.

A cierta edad se siente el pudor de la onomatopeya: nos cuesta pronunciar esa eme prolongada que es el borbotón en el que se cuece el pensamiento. Pasear es el mejor remedio para compensar esa carencia.

Cuando nos hacemos adultos son los pies los que ayudan a la boca a pensar.

Marta Sanuy

Imagen: Alfredo Jaar


¿Pero es que de verdad no hay nada nuevo bajo el sol?
¿Carece por completo de sentido seguir trabajando para conseguir la oración más precisa, el verso terminado, la novela perfecta?
Si la verdad es solamente algo que le puede llegar a suceder a una idea, ¿tiene sentido pretenderla?
Y al cabo, ¿qué sentido final esconde la escritura, rodeada de tantos sinsentidos?

Es Cortázar, de nuevo, el que mancha de luz las preguntitas.
Sí, todo está ya dicho -reconoce-, pero vamos a tener que volver a decirlo de nuevo,
porque se ve que nadie estaba escuchando.

Gonzalo Escarpa

En la imagen, Cortázar.

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