
No siempre. Según García Márquez, “lo ideal sería que la poesía fuera cada vez más informativa, y el periodismo cada vez más poético”. Tal vez lo que sucede es que se trata de una pregunta capciosa, pues la literatura ha pasado a ser sinónimo de ‘ficción’, y ése es un concepto demasiado estrecho. El periodismo debería ser también una fábrica de ficciones, aceptando que aprehender la realidad es un proceso muy subjetivo, casi “irreal”. El periodista acaba siendo víctima de su propia imagen cinematográfica. Basta, en principio, con acercarse a los hechos. Pero sufrimos actualmente un empobrecimiento lingüístico de la ‘noticia’, lo que beneficia sin duda a las estructuras económicas del poder. Un lector mecánico, que consume un periodismo vacío, es un lector perdido, que genera lecturas perdidas.
A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados. La ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.
Libro recomendado: Elogiemos ahora a los hombres famosos, James Agee (fotos de Walker Evans). Backlist, 2008.
Imagen: Truck and sign, 1930. Walker Evans
Marta Sanuy y Gonzalo Escarpa

Cuando comencé a estudiar periodismo recuerdo que tenía problemas en la forma en que redactaba porque me gustaba adornar lo que escribía, entonces me enseñaron que debía transmitir lo que veía sin añadir sentimientos, tuve mucho conflicto, pero creo que al final lo logré. Hoy, como muchos periodistas tengo mi blog y escribo con todo el sentimiento que llevo en mi corazón sin importar las reglas periodísticas, claro, cuando me toca hacer periodismo lo separo de la literatura, aunque tampoco me considero literata. Me parece que no contribuyo a responder la pregunta que encabeza la publicación, pero es lo que pienso al respecto.