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Archive for the ‘Gonzalo Escarpa’ Category

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¿O es que la tristeza es sólo un género narrativo más, de gran éxito, una forma de estar en lo literario, una sed de aventura desgarrada que nos lleva a imitar a los héroes antiguos y a emprender el camino que los dioses consideran, sin serlo, el más conveniente para nosotros, mientras vamos sembrando el mundo de metáforas, elipsis, aliteraciones, grandiosas hipérboles que nos convierten en narradores del best seller de nuestra vida, grasienta, pesada y sobre todo triste, tan triste como el corazón de Dido en llamas, el sueño de Ofelia, la espera de Penélope, la ausencia de Godot, el ansia de Madame Bovary, el desencanto de Humbert Humbert, el desasosiego de Lenz, la locura de todos los que, en forma de papel, lloraron antes que nosotros, y más, y mejor, demostrando con su agonía que las novelas están llenas de protagonistas partidos en dos, que sus dominios son sólo para los que sufren, los que claman al cielo, los que pierden a un hijo, los que caen del caballo, los que desconocen las tramas del placer?

O puede que la literatura no sea triste, pero muchos escritores sí.

Gonzalo Escarpa

Imagen: mosaico del siglo II. Máscaras de tragedia y comedia

Lectura recomendada: cualquiera divertida.

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Rothko

Se puede aprender a leer. Y a vivir. Y a contarlo. La literatura es una gramática, una forma de expresión, es decir, un sistema, y como tal posee reglas concretas que pueden estudiarse, comprenderse, hasta que se integran de forma tal que se confunden con nuestra propia gramática, nuestra forma de expresión, nuestro sistema.

Por otro lado, como decía Macedonio Fernández, “existen máquinas de rimar, pero no existen máquinas de poetizar”. Es decir: hay una fase de la escritura para la que no existe fórmula alguna; un abismo en el que sólo sabremos cómo manejarnos después de enfrentarnos a él y atravesarlo.

Le toca a Pessoa: “obedezca a la gramática quien no sabe pensar lo que siente”. Sentir. Pensar.

¿Se puede aprender a sentir?

Gonzalo Escarpa

Imagen: Mark Rothko, No. 8

Lectura recomendada: Octavio Paz, El arco y la lira

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Probablemente cada uno de nosotros tiene una idea diferente de lo que significa el concepto “música”. Puede que incluso tengamos ideas muy distintas sobre absolutamente todo, ya que, como sabemos hace mucho tiempo, la “realidad” no existe. Existen, como mucho, miles de ojos de moscas aturdidas que desean saber, y comprender qué es lo que nos rodea. El caso es que, en algunas ocasiones, un emisor cualquiera decide que algo de lo que está en ese momento observando es “poético”. ¡Cuidado! Es muy probable que esté utilizando este término como sinónimo de “bonito”, tal como últimamente se utiliza “surrealista” para decir “muy raro”. Y, sin embargo, la poesía no siempre es bella, hermosa o dulce. Hay poemas despiadados, crueles, ambiguos, retorcidos, agónicos, letales.

“Poético es el lenguaje que oscila entre el sonido y el sentido”, según Paul Valéry. Si seguimos esta definición, podemos considerar poético todo acontecimiento que se escape a nuestro anhelo de sentido, que escamotee a la realidad una porción de música, que repte entre dos mundos, entre dos desconocimientos; todo lo que nos sumerge en el extrañamiento, anulando nuestra necesidad de comprensión, y nos hace bailar.

La vida, en sí, es poética. O debería serlo.

Gonzalo Escarpa

Imagen: The marks we make, Robert Parkeharrison

Lectura recomendada: Bartolomé Ferrando, Arte y cotidianidad. Hacia la transformación de la vida en arte

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Probablemente, el menos libre de todos los versos sea el verso libre.

Es evidente que la métrica inunda de constricciones y reglas el poema. Pero también dispara la capacidad de relación del lenguaje, multiplicando la fuerza simbólica de las isotopías o relaciones entre los campos semánticos que surgen en el texto poético.

Como en el ala el infinito vuelo,
como en la flor está la esencia errante,
lo mismo que en la llama el caminante
fulgor, y en el azul el solo cielo;

como en la melodía está el consuelo,
y el frescor en el chorro, penetrante,
y la riqueza noble en el diamante,
así en mi carne está el total anhelo.

En ti, soneto, forma, esta ansia pura
copia, como en un agua remansada,
todas sus inmortales maravillas.

La claridad sin fin de su hermosura
es, cual cielo de fuente, ilimitada
en la limitación de tus orillas.

En este inflamado soneto, Juan Ramón Jiménez nos habla de esa supuesta “limitación” de las normas métricas, que en realidad no es más que un inmenso espacio de posibilidades abierto entre las dos orillas del poema.

Si el soneto nos ofrece una estructura, un patrón acentual y rítmico y una rima determinadas, muy determinadas, aún es más cierto que el verso libre nos obliga a escoger los mismos elementos para todos y cada uno de los versos que lo forman. ¿Es eso libertad? Que venga Dante y lo vea.

Per aspera ad astra: como sabía el grupo Oulipo, no hay mejor fuente de inspiración que unas buenas restricciones, que sometan y domen las ideas poéticas, para que éstas no se nos despendolen.

Gonzalo Escarpa
Imagen: Chema Madoz

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Me contaba en Ammán Armas Marcelo, opíparo, la reflexión que hacía ya no sé qué escritor sobre el intríngulis del hecho literario.

La narrativa ha de contar, ineludiblemente, con elementos propios, sustanciales, constitutivos de su poder de persuasión. Debía ser el autor de esta idea del siglo XIX, pues para él la materia narrativa estaba hecha de religión, aristocracia, sexo e incógnita. Con estas herramientas, se decía, el éxito es seguro. Nada más fácil, pues, como demostró luego aplicando todas las reglas a la minificción:

“-¡Oh, Dios mío! –dijo la condesa-. Estoy embarazada y no sé de quién”.

Gonzalo Escarpa

Imagen: El café o la cupletista y los chulos. Grabado de Ricardo Baroja


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1. Elegir un idioma al azar

2. Elegir una frase cualquiera

3. No decir esa frase escogida entre todas, no explicarla jamás, no dejar que huya y llegue

a ser más que una frase

escogida al azar, jamás dicha ni escrita, sólo

pensada,

nacida únicamente para la ocultación, creada con el fin de no ser dada,

de no ser nunca útil,

de no ser

4. Conservar esa frase como un mantra, recordarla y saber

que no es de nadie, que un día será dicha por otro que, es seguro,

no sabrá que ya estaba

previamente venida
a mente, mas no a boca,

que el azar se cruzó con su cruzada y de pronto la frase

fue,

no suya, no del azar, no nuestra,

de ella misma

5. Sonreír

Gonzalo Escarpa

Imagen: Mujer en el mercado, 1964. Manuel Hernández Mompó

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Teniendo en cuenta la cantidad de libros que se publican sin ton ni son, para ser olvidados en sus cajas o simplemente aniquilados (un libro no leído, un libro destruido), podríamos asegurar que no. Pero he aquí que dos Fernandos se empeñan en aproximar lo literario a la naturaleza, construyendo poemas objeto, casi-textos, poesía viva y tridimensional.

Fernando Millán nos cuenta que “Yo ahora estoy interesado en una serie de proyectos, macro-proyectos, en los cuales conectar con la sociedad compleja de nuestra época y al mismo tiempo con la naturaleza. Os contaré algunos. Uno de ellos se llama El monumento al rayo. Y consiste en escoger una montaña de tipo calcáreo de estas que están por el Levante o Andalucía, que las llaman “mesas”. Eran los lugares que elegían los iberos como sitios sagrados y en muchas de estas montañas hay yacimientos. Entonces se trataría de, un día a una hora determinada, convocar mediante todos los medios de comunicación de todo el planeta, mandándoles un comunicado de prensa, invitando a toda persona que quisiera asistir a participar a la construcción de El monumento al rayo trayendo cualquier material de tipo férrico para depositarlo en lo alto de la montaña que estaría conectada mediante un cable con un globo que a su vez tendría un gran pararrayos. Dejarlo allí y esperar que un día cayera un rayo y convirtiera todo aquello en un monumento, en una masa transformada por el rayo. Podría tener la forma de una letra, construyéndola con el típico mecano en forma de “r” o de “y” o con la misma palabra “rayo”, y meter dentro todos los férricos.

Por su parte, Fernando Aguiar es el creador del soneto ecológico. “Integra 70 árboles dispuestos según la estructura y la rima del soneto, tiene 110 metros de largo y 36 metros de ancho, lo que lo transforma, ciertamente, en el mayor soneto del mundo. Más de 100 personas, entre niños, jóvenes, adultos y viejos (representando las 4 estaciones del año y de la vida) colaboraron en la plantación, al son de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. En una fase posterior, la “página” donde fue “escrito” el Soneto será cubierta de césped y tréboles. También serán construidos pequeños paseos en granito y se colocarán algunos bancos de jardín, para que el “SONETO ECOLÓGICO” pueda ser ampliamente utilizado y apreciado”.

Gonzalo Escarpa

Enlaces: Fernando Aguiar y el soneto ecológico, http://www.escaner.cl/escaner73/acorreo.html

Fernando Millán y el monumento al rayo,
http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/millan.htm

Imagen: vista aérea del proyecto “Soneto ecológico”

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