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Lajos Nagy

Se debe, ésa es la tarea de lo serio. Sentimos casi siempre con palabras y lo que llamamos realidad no es más que un relato. Aprender a sentir es aprender a contarse bien a uno mismo y contar bien a los demás.

Todo verdadero aprendizaje comienza por un desaprendizaje. No sólo se trata de explorar territorios, aunque también: lo imprescindible para iniciarse en esta disciplina es renunciar a los caminos trillados. ¿Cuántos psicólogos y psiquiatras habrán tenido que hacer horas extras para desfacer los entuertos creados por esas letras de canciones, que todos hemos  tarareado, y que se resumen en: “eres mío”, “soy tuya” o “sin ti no soy nada”?

A todos nos troquelan las emociones desde chiquitos, y eso se hace con palabras. Con palabras pues habremos de curarnos: mirando con lupa las que están envenenadas, las que, para conducirnos a la nada, exageran, las que pretenden tener en la barriga demasiado sentido, las abstractas. Para empezar el tratamiento yo pondría a dieta “soledad”, “cobarde”, “miedo”, “envidia”, “celos” o “impotencia”, “todo” y “nada”, y también los posesivos. Además, como siempre hay malos momentos en los que nos vence la tentación de simplificar, deberemos hacer acopio y utilizar con frecuencia esas frases, hay muchas, que nos disuaden cuando nos tienta ponernos autolesivos:

– Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. Aristóteles.
Minutos después de que alguien me defraude me da un ataque de amnesia y lo borro para siempre. Mi madre.
Los que están no estorban, los que no están no hacen falta. Esto lo decía un anacoreta al que conocí en una playa del Pacífico, mereció la pena ir hasta allí sólo para oír eso.
– ¿Y mi sensibilidad qué? Lo dice un amigo cuando intuye que corres el riesgo de herirlo.

Todas ellas son fórmulas breves, útiles y portátiles. ¿Se podrá aprender a ser breve y convincente?

Marta Sanuy

Imagen: Lajos Nagy

Lectura recomendada: John E. Nelson, Más allá de la dualidad (integrando el espíritu en nuestra comprensión de la enfermedad mental)

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Que su lector no lo crea. Porque el trabajo de un narrador es, precisamente, interrumpir la incredulidad del lector:

Si el espectador o el lector recuperan su incredulidad antes del final de la obra, ésta ha fracasado.

Dice el erudito Bioy Casares recordando a Colerigde.

A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados; la ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.

El narrador tiene la función notarial, autentificadora de los actos del habla; lo que dicen sus personajes puede ser erróneo o directamente falso, pero el escritor y su representante en el texto, el narrador, no pueden permitir que el lector los cuestione. Con la literatura somos más exigentes que con la vida real, queremos más coherencia o bregamos de otra manera con lo improbable.

“Lo imposible verosímil es preferible a lo posible pero no convincente”

Dijo Aristóteles.

Para U. Eco el juego de la ficción exige del Lector-Modelo que no se plantee dudas sobre la verdad o falsedad de lo que el narrador le cuenta: en caso contrario, el mecanismo de la interpretación se bloquea y la vivencia de la ficción no llega producirse.

Fue Kant quien dijo que “hacer como si” era una condición necesaria para entender. Luego Paul Ricoeur retoma la idea y la convierte en el centro de sus teorías :

El mundo del texto no es un dato empírico, sino que, en cuanto producto de la imaginación se inscribe en el ámbito de lo posible; se trata de un mundo regido por la lógica del “como si”.

Con el hagamos como si, una propuesta de lógica interna, el narrador construye los puentes entre los universos de ficción y los lectores. Luego la orilla del mundo representado, del mundo posible, se aleja o acerca de la del mundo real, pero ése es otro tema, y es que desde esta pregunta se pueden disparar otras y en muchas direcciones:

¿La realidad es también una construcción mental?

¿Por qué los seres humanos están necesitados de ficciones aun sabiendo que son pura simulación?

¿Cómo se influyen el mundo real y los mundos posibles?

Marta Sanuy

Lecturas recomendadas:

– Bioy Casares Bioy Casares a la hora de escribir, Editorial Tusquets.

-Paul Ricoeur Tiempo y narración, Edit Cristiandad

-Umberto Eco, Tratado de Semiótica General, Lumen.


Imagen: William Kentridge

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