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Posts Tagged ‘Creación’

AnatolKnotek2

“La literatura es la Tierra prometida en donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser”dice Italo Calvino en un libro visionario, Seis propuestas para el próximo milenio. Pero todos sabemos que nuestro paciente no atraviesa una buena época ni visita con frecuencia esa tierra prometida.

“A veces tengo la impresión de que una epidemia pestilencial azota a la humanidad en la facultad que más la caracteriza, en el uso de la palabra: una peste del lenguaje que se manifiesta como una pérdida cognoscitiva y de inmediatez, como automatismo que tiende a  nivelar la expresión en sus formas más genéricas, anónimas, abstractas, a diluir los significados, a limar las puntas expresivas, a apagar cualquier chispa que brote del encuentro de las palabras con las nuevas circunstancias”, sigue diciendo. Y estoy en todo de acuerdo con él, pero, ¿por dónde empezamos la terapia?

Yo propondría que por la higiene. Porque supongamos que al cocinar no limpiamos la tierra de las zanahorias, ni quitamos las piedrecitas de las lentejas (era hermoso limpiar lentejas en grupo, ya no pasa), ni las peladuras de las patatas, ni  las de los ajos, y que dejamos la tripa al pescado. Si no limpiásemos la materia prima no habríamos empezado siquiera el trabajo. Lo mismo viene a suceder con el lenguaje. Cuando no lo hemos limpiado, pelado, cortado, alcanzado en las capas más profundas el significado de cada palabra, ni siquiera hemos empezado a escribir. De ahí proviene el malestar que nos producen tantos textos que no son sino repetición tosca y aproximada, mezcla tóxica de eufemismos y lugares comunes: tropezones de nueces con cáscara y patatas sin pelar.

Esta utilización torcida de la palabra ha producido otro gran inconveniente:  no sé si por pereza o por desconocimiento son muchos los que no paran de escribir pizzas precocinadas.

Marta Sanuy

Imagen: Anatol Knotek

Lectura recomendada: Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio.

 

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Probablemente cada uno de nosotros tiene una idea diferente de lo que significa el concepto “música”. Puede que incluso tengamos ideas muy distintas sobre absolutamente todo, ya que, como sabemos hace mucho tiempo, la “realidad” no existe. Existen, como mucho, miles de ojos de moscas aturdidas que desean saber, y comprender qué es lo que nos rodea. El caso es que, en algunas ocasiones, un emisor cualquiera decide que algo de lo que está en ese momento observando es “poético”. ¡Cuidado! Es muy probable que esté utilizando este término como sinónimo de “bonito”, tal como últimamente se utiliza “surrealista” para decir “muy raro”. Y, sin embargo, la poesía no siempre es bella, hermosa o dulce. Hay poemas despiadados, crueles, ambiguos, retorcidos, agónicos, letales.

“Poético es el lenguaje que oscila entre el sonido y el sentido”, según Paul Valéry. Si seguimos esta definición, podemos considerar poético todo acontecimiento que se escape a nuestro anhelo de sentido, que escamotee a la realidad una porción de música, que repte entre dos mundos, entre dos desconocimientos; todo lo que nos sumerge en el extrañamiento, anulando nuestra necesidad de comprensión, y nos hace bailar.

La vida, en sí, es poética. O debería serlo.

Gonzalo Escarpa

Imagen: The marks we make, Robert Parkeharrison

Lectura recomendada: Bartolomé Ferrando, Arte y cotidianidad. Hacia la transformación de la vida en arte

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Me lo pregunta Marta Sanuy instantes después de entrevistarla. Ella ha explicado por qué permanece callada. No escribe. Contraataca. Me interroga: ¿por qué escribir?

Dudo. No lo sé bien. “No creo que se trate de una decisión. Escribir es  vivir dos veces lo vivido. O tres. Multiplicar los ecos de lo que pasa. Para Yourcenar, escribir es ponerse en la tesitura de escribir. Ver qué pasa. Escribir por si resulta que escribir es posible.”

Entra en el diálogo Paloma Pájaro. “Como decía el fraile, el conocimiento que no se transmite es cosa que no sirve para nada.” Estamos ante la viejísima polémica. Literatura, ¿conocimiento o comunicación?

Marta Sanuy y Gonzalo Escarpa

Imagen: http://www.educared.org.ar

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Me contaba en Ammán Armas Marcelo, opíparo, la reflexión que hacía ya no sé qué escritor sobre el intríngulis del hecho literario.

La narrativa ha de contar, ineludiblemente, con elementos propios, sustanciales, constitutivos de su poder de persuasión. Debía ser el autor de esta idea del siglo XIX, pues para él la materia narrativa estaba hecha de religión, aristocracia, sexo e incógnita. Con estas herramientas, se decía, el éxito es seguro. Nada más fácil, pues, como demostró luego aplicando todas las reglas a la minificción:

“-¡Oh, Dios mío! –dijo la condesa-. Estoy embarazada y no sé de quién”.

Gonzalo Escarpa

Imagen: El café o la cupletista y los chulos. Grabado de Ricardo Baroja


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1. Elegir un idioma al azar

2. Elegir una frase cualquiera

3. No decir esa frase escogida entre todas, no explicarla jamás, no dejar que huya y llegue

a ser más que una frase

escogida al azar, jamás dicha ni escrita, sólo

pensada,

nacida únicamente para la ocultación, creada con el fin de no ser dada,

de no ser nunca útil,

de no ser

4. Conservar esa frase como un mantra, recordarla y saber

que no es de nadie, que un día será dicha por otro que, es seguro,

no sabrá que ya estaba

previamente venida
a mente, mas no a boca,

que el azar se cruzó con su cruzada y de pronto la frase

fue,

no suya, no del azar, no nuestra,

de ella misma

5. Sonreír

Gonzalo Escarpa

Imagen: Mujer en el mercado, 1964. Manuel Hernández Mompó

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Teniendo en cuenta la cantidad de libros que se publican sin ton ni son, para ser olvidados en sus cajas o simplemente aniquilados (un libro no leído, un libro destruido), podríamos asegurar que no. Pero he aquí que dos Fernandos se empeñan en aproximar lo literario a la naturaleza, construyendo poemas objeto, casi-textos, poesía viva y tridimensional.

Fernando Millán nos cuenta que “Yo ahora estoy interesado en una serie de proyectos, macro-proyectos, en los cuales conectar con la sociedad compleja de nuestra época y al mismo tiempo con la naturaleza. Os contaré algunos. Uno de ellos se llama El monumento al rayo. Y consiste en escoger una montaña de tipo calcáreo de estas que están por el Levante o Andalucía, que las llaman “mesas”. Eran los lugares que elegían los iberos como sitios sagrados y en muchas de estas montañas hay yacimientos. Entonces se trataría de, un día a una hora determinada, convocar mediante todos los medios de comunicación de todo el planeta, mandándoles un comunicado de prensa, invitando a toda persona que quisiera asistir a participar a la construcción de El monumento al rayo trayendo cualquier material de tipo férrico para depositarlo en lo alto de la montaña que estaría conectada mediante un cable con un globo que a su vez tendría un gran pararrayos. Dejarlo allí y esperar que un día cayera un rayo y convirtiera todo aquello en un monumento, en una masa transformada por el rayo. Podría tener la forma de una letra, construyéndola con el típico mecano en forma de “r” o de “y” o con la misma palabra “rayo”, y meter dentro todos los férricos.

Por su parte, Fernando Aguiar es el creador del soneto ecológico. “Integra 70 árboles dispuestos según la estructura y la rima del soneto, tiene 110 metros de largo y 36 metros de ancho, lo que lo transforma, ciertamente, en el mayor soneto del mundo. Más de 100 personas, entre niños, jóvenes, adultos y viejos (representando las 4 estaciones del año y de la vida) colaboraron en la plantación, al son de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. En una fase posterior, la “página” donde fue “escrito” el Soneto será cubierta de césped y tréboles. También serán construidos pequeños paseos en granito y se colocarán algunos bancos de jardín, para que el “SONETO ECOLÓGICO” pueda ser ampliamente utilizado y apreciado”.

Gonzalo Escarpa

Enlaces: Fernando Aguiar y el soneto ecológico, http://www.escaner.cl/escaner73/acorreo.html

Fernando Millán y el monumento al rayo,
http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/millan.htm

Imagen: vista aérea del proyecto “Soneto ecológico”

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Charles Dickens, en una nota que tengo ante mí y en la que alude al análisis que en cierta ocasión realicé sobre el mecanismo de “Barnaby Rudge”, dice: ‘¿A propósito, se ha dado cuenta de que Godwin escribió su “Caleb Williams” de atrás hacía delante? Primeramente enredó a su protagonista en una maraña de dificultades, que forman el segundo tomo, y después, para completar el primero, le lanzó a la búsqueda de cuanto pudiera servir de explicación a lo que había hecho’.

 

Escribe Edgar Allan Poe. Y aunque Poe no está del todo de acuerdo con Dickens, es un apasionado de los galimatías teóricos y se pone a calibrar las ventajas derivadas de escribir al revés:

Hay un error de raíz, pienso yo, en la manera en que habitualmente se estructura un relato. O bien la historia aporta una tesis -o ésta viene sugerida por algún incidente circunstancial-, o todo lo más el autor se aplica en combinar acontecimientos sorprendentes con el único fin de proporcionar una base a su narración, generalmente en la esperanza de que mediante descripciones, diálogos y comentarios personales podrá llenar todos los intersticios que de los hechos o la acción, página tras página, se ponen de manifiesto (…)

 

Mormotea.

El autor echa de menos los caminos de ida y vuelta, tiene interés por verle la tramoya a las obras de otros:

A menudo pienso lo interesante que podría ser leer un artículo en donde un autor describiera -es decir, si pudiera- paso a paso y detalladamente el proceso mediante el cual alguna de sus obras vio el acabado final. El por qué semejante artículo nunca se ha escrito es algo que escapa a mi entendimiento, auque es posible que dicha omisión tenga que ver más con la vanidad de los autores que con ninguna otra causa. La mayoría de los escritores -y, sobre todo, los poetas- prefiere dar a entender que compone en una especie de delicioso frenesí -o intuición extática- y en verdad se echarían a temblar si se dejase al lector escudriñar entre bastidores, quedando al descubierto la elaboración, las vacilaciones del pensamiento en bruto, los verdaderos propósitos logrados tan solo en el último instante (…)

 

Soy consciente, por otro lado, de que no suele darse el caso de un escritor que se halle en condiciones de volver sobre sus pasos para mostrar cómo llegó a sus conclusiones. En general las ideas acuden al espíritu de forma atropellada, y de igual modo se las persigue y son olvidadas.

 

Poe debía ser terco y amigo de retos. Pese a las dificultades del proyecto, en “La filosofía de la Composición” nos explica, sin dejar resquicios, cómo escribió el poema “El cuervo”. Con este libro abre otra brecha literaria, su especialidad era inaugurar géneros.  Después de él han sido muchos los autores que nos han dejado escudriñar entre sus bastidores.

Marta Sanuy

Lecturas recomendadas: La filosofía de la Composición. El principio Poético. Edgar Allan Poe. Editorial Langre

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