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Posts Tagged ‘Lenguaje oral y literatura’

1. Elegir un idioma al azar

2. Elegir una frase cualquiera

3. No decir esa frase escogida entre todas, no explicarla jamás, no dejar que huya y llegue

a ser más que una frase

escogida al azar, jamás dicha ni escrita, sólo

pensada,

nacida únicamente para la ocultación, creada con el fin de no ser dada,

de no ser nunca útil,

de no ser

4. Conservar esa frase como un mantra, recordarla y saber

que no es de nadie, que un día será dicha por otro que, es seguro,

no sabrá que ya estaba

previamente venida
a mente, mas no a boca,

que el azar se cruzó con su cruzada y de pronto la frase

fue,

no suya, no del azar, no nuestra,

de ella misma

5. Sonreír

Gonzalo Escarpa

Imagen: Mujer en el mercado, 1964. Manuel Hernández Mompó

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Cuentan que un enfurecido Borges no dudó en responder airadamente al bisoño reportero que se atrevió a plantearle la preguntita: “¿Y para qué sirven los pájaros, imbécil?”.

Henri Michaux lo tenía muy claro: “La poesía es absolutamente imprescindible, aunque no sepamos para qué”.

Pero realmente es el maestro Chicho Sánchez Ferlosio quien mejor ejemplifica la utilidad de la poesía en el inolvidable retrato que nos brinda de él Fernando Trueba en su remotísimo documental sobre el bardo de los Ferlosio, Mientras el cuerpo aguante. En esta cinta, equiparable por su exacta fusión del ámbito cinematográfico y literario a El desencanto de Chávarri, en la que somos testigos de la bellísima decadencia de la familia Panero, acompañamos a Ferlosio en su deambular por la vida mientras nos va contando algunas anécdotas, como la de las coplas que le escribió al ayuntamiento de Cádiz. Allí se había llegado con Sabina, Krahe, Teresa Cano y Rosa para dar un concierto, que la organización no tuvo a bien pagar sin un buen retraso. Ferlosio se quedó en Cádiz para cobrar las 50000 pesetas prometidas, pero el cobro se retrasaba cada vez más pues el señor Gelos, responsable del mismo, no estaba por allí. Así que Chicho se entretuvo componiendo una letra alusiva. Transcribo, aproximadamente, lo que cuenta:  “Me puse un día a escribir y me salieron unas coplas contando la situación. Y me dije, hombre, se las voy a enseñar al tío que me recibe en el ayuntamiento y que siempre me da largas, para ver lo que piensa. Y le dije: mire, yo en este tiempo, que no tengo nada que hacer, me he entretenido haciendo estas coplas. El tío las leyó y se quedó lívido.Y le dije, bueno, entonces volveré el lunes. Pero, en cuanto leyó las coplas, me adelantaron 10000 pesetas. Unos días después se me ocurrió una musiquilla, y volví al ayuntamiento. Otra vez me querían dar largas, pero le dije: las coplas tienen música (risas).  Y me pagaron aquel mismo día”.

Sí, hubo una época en la que la palabra, acompañada de música, era capaz de propagarse y crecer en la boca de todos, hasta el punto de atemorizar a todo un ayuntamiento. (Hace poco un músico poeta aconsejaba resilabizar esta palabra, y proponía un más adecuado “ay untamiento”).

Aquí va la copla que obró el milagro del pago:

Permítame usted que hable:
yo he venido aquí a cobrar,
si lo piensan demorar,
¿quién se va a hacer responsable?
¿Eh?

No tienen al señor Gelos
y así mi fortuna mengua,
pero lo que es en la lengua
yo tampoco tengo pelos,
¿eh?

En la lengua ni en la pluma,
porque estoy hasta los huevos
de estos políticos nuevos
que el viejo Estado rezuma,
¿eh?

Entre estas blancas paredes
hay mucha negra rutina:
el tiempo que se avecina
no es el de vuesas mercedes,
¿eh?

He pasado varios días
de un tiempo que ya no es oro
pero, pasado, lo añoro
igual que sus señorías,
¿eh?

Si no me pagan les juro
que esto y más se irá imprimiendo
a ver si lo voy vendiendo
y saliendo del apuro,
¿eh?

El propio señor alcalde
deje claro cuanto antes
que el tiempo de los cantantes
no se gasta más en balde,
¿eh?

Gonzalo Escarpa

Imagen: cartel promocional de Mientras el cuerpo aguante

Link: http://www.youtube.com/watch?v=BDj4dF6g654

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Ya me gustaría que la pregunta de hoy fuera mía, pero es de Jules Renard.

La recordé leyendo la última novela de Luis Landero, Retrato de un hombre inmaduro, cuando dice:

Mi voz era serena y mi dicción muy castellana. No sé, me expresaba con tanto esmero que notaba cómo el habla se iba manchando de escritura.

La historia de la literatura podría ser también la de las elásticas distancias entre el lenguaje que se dice y el que se escribe, ya que comparten tantos territorios: ambos narran, los dos informan y organizan.

A las buenas preguntas enseguida les salen un montón de hijuelos: ¿son o no son lo mismo nuestras historias y las de las novelas y los cuentos que leemos?

En el magnifico libro Las Semanas en el Jardín decía Rafael Sánchez Ferlosio:

Hay que advertir, en este punto, que el sistema gramatical de la narración -sistema mucho más cuajado y especializado de cuanto a primera vista pudiera parecer- no es, en modo alguno, y cualesquiera que puedan ser su origen y consagración, patrimonio exclusivo de los literatos, sino que pertenece enteramente  a los dipositivos funcionales de la lengua común: a todo hablante le es dado ponerse en la singular actitud del narrador, de manera que acierte sin vacilación alguna con los mecanismos gramaticales específicos que le corresponden -otra cosa será que, además de esto, tenga el don de usarlos con gracia y el arte que no a todos son concedidos por igual en este mundo-.

P.D. Borges quería quitarle importancia a Ramón Gómez de la Serna diciendo que sólo le había puesto el nombre a las greguerías, que inventarlas las había inventado Jules Renard.

Marta Sanuy

Imagen de Atsuko Arai

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