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Posts Tagged ‘Poesía’

Probablemente cada uno de nosotros tiene una idea diferente de lo que significa el concepto “música”. Puede que incluso tengamos ideas muy distintas sobre absolutamente todo, ya que, como sabemos hace mucho tiempo, la “realidad” no existe. Existen, como mucho, miles de ojos de moscas aturdidas que desean saber, y comprender qué es lo que nos rodea. El caso es que, en algunas ocasiones, un emisor cualquiera decide que algo de lo que está en ese momento observando es “poético”. ¡Cuidado! Es muy probable que esté utilizando este término como sinónimo de “bonito”, tal como últimamente se utiliza “surrealista” para decir “muy raro”. Y, sin embargo, la poesía no siempre es bella, hermosa o dulce. Hay poemas despiadados, crueles, ambiguos, retorcidos, agónicos, letales.

“Poético es el lenguaje que oscila entre el sonido y el sentido”, según Paul Valéry. Si seguimos esta definición, podemos considerar poético todo acontecimiento que se escape a nuestro anhelo de sentido, que escamotee a la realidad una porción de música, que repte entre dos mundos, entre dos desconocimientos; todo lo que nos sumerge en el extrañamiento, anulando nuestra necesidad de comprensión, y nos hace bailar.

La vida, en sí, es poética. O debería serlo.

Gonzalo Escarpa

Imagen: The marks we make, Robert Parkeharrison

Lectura recomendada: Bartolomé Ferrando, Arte y cotidianidad. Hacia la transformación de la vida en arte

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No siempre. Según García Márquez, “lo ideal sería que la poesía fuera cada vez más informativa, y el periodismo cada vez más poético”. Tal vez lo que sucede es que se trata de una pregunta capciosa, pues la literatura ha pasado a ser sinónimo de ‘ficción’, y ése es un concepto demasiado estrecho. El periodismo debería ser también una fábrica de ficciones, aceptando que aprehender la realidad es un proceso muy subjetivo, casi “irreal”.  El periodista acaba siendo víctima de su propia imagen cinematográfica. Basta, en principio, con acercarse a los hechos. Pero sufrimos actualmente un empobrecimiento lingüístico de la ‘noticia’, lo que beneficia sin duda a las estructuras económicas del poder. Un lector mecánico, que consume un periodismo vacío, es un lector perdido, que genera lecturas perdidas.

A la ficción se le exige mayor coherencia o verosimilitud que a la realidad. Los mundos posibles, para ser creíbles, tienen que estar temporal y espacialmente ordenados. La ficción es, antes que cualquier otra cosa, reorganización.

Libro recomendado: Elogiemos ahora a los hombres famosos, James Agee (fotos de Walker Evans). Backlist, 2008.
Imagen: Truck and sign, 1930. Walker Evans

Marta Sanuy y Gonzalo Escarpa

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Probablemente, el menos libre de todos los versos sea el verso libre.

Es evidente que la métrica inunda de constricciones y reglas el poema. Pero también dispara la capacidad de relación del lenguaje, multiplicando la fuerza simbólica de las isotopías o relaciones entre los campos semánticos que surgen en el texto poético.

Como en el ala el infinito vuelo,
como en la flor está la esencia errante,
lo mismo que en la llama el caminante
fulgor, y en el azul el solo cielo;

como en la melodía está el consuelo,
y el frescor en el chorro, penetrante,
y la riqueza noble en el diamante,
así en mi carne está el total anhelo.

En ti, soneto, forma, esta ansia pura
copia, como en un agua remansada,
todas sus inmortales maravillas.

La claridad sin fin de su hermosura
es, cual cielo de fuente, ilimitada
en la limitación de tus orillas.

En este inflamado soneto, Juan Ramón Jiménez nos habla de esa supuesta “limitación” de las normas métricas, que en realidad no es más que un inmenso espacio de posibilidades abierto entre las dos orillas del poema.

Si el soneto nos ofrece una estructura, un patrón acentual y rítmico y una rima determinadas, muy determinadas, aún es más cierto que el verso libre nos obliga a escoger los mismos elementos para todos y cada uno de los versos que lo forman. ¿Es eso libertad? Que venga Dante y lo vea.

Per aspera ad astra: como sabía el grupo Oulipo, no hay mejor fuente de inspiración que unas buenas restricciones, que sometan y domen las ideas poéticas, para que éstas no se nos despendolen.

Gonzalo Escarpa
Imagen: Chema Madoz

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Y

Y volver a dormir y despertar del sueño

y este soñar de nuevo envuelto en brumas

y no saber si son lunas o espumas

lo que mueve este mundo tan grande y tan pequeño

Y este ver tristemente cada día encarnada

nuestra vida en el tiempo y nuestro rastro

de carne en el olvido y sólo queda el astro

en todo este misterio del todo y de la nada

Y la vida no es sólo una interrogación

no es sólo ese guarismo de serpiente lasciva

que al morderse la cola una soga nos lega

La vida es una letra de inmenso corazón

que levanta sus brazos frágiles hacia arriba

clamando de continuo

¡La vida es una Y!

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1. Elegir un idioma al azar

2. Elegir una frase cualquiera

3. No decir esa frase escogida entre todas, no explicarla jamás, no dejar que huya y llegue

a ser más que una frase

escogida al azar, jamás dicha ni escrita, sólo

pensada,

nacida únicamente para la ocultación, creada con el fin de no ser dada,

de no ser nunca útil,

de no ser

4. Conservar esa frase como un mantra, recordarla y saber

que no es de nadie, que un día será dicha por otro que, es seguro,

no sabrá que ya estaba

previamente venida
a mente, mas no a boca,

que el azar se cruzó con su cruzada y de pronto la frase

fue,

no suya, no del azar, no nuestra,

de ella misma

5. Sonreír

Gonzalo Escarpa

Imagen: Mujer en el mercado, 1964. Manuel Hernández Mompó

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.
.

Teniendo en cuenta la cantidad de libros que se publican sin ton ni son, para ser olvidados en sus cajas o simplemente aniquilados (un libro no leído, un libro destruido), podríamos asegurar que no. Pero he aquí que dos Fernandos se empeñan en aproximar lo literario a la naturaleza, construyendo poemas objeto, casi-textos, poesía viva y tridimensional.

Fernando Millán nos cuenta que “Yo ahora estoy interesado en una serie de proyectos, macro-proyectos, en los cuales conectar con la sociedad compleja de nuestra época y al mismo tiempo con la naturaleza. Os contaré algunos. Uno de ellos se llama El monumento al rayo. Y consiste en escoger una montaña de tipo calcáreo de estas que están por el Levante o Andalucía, que las llaman “mesas”. Eran los lugares que elegían los iberos como sitios sagrados y en muchas de estas montañas hay yacimientos. Entonces se trataría de, un día a una hora determinada, convocar mediante todos los medios de comunicación de todo el planeta, mandándoles un comunicado de prensa, invitando a toda persona que quisiera asistir a participar a la construcción de El monumento al rayo trayendo cualquier material de tipo férrico para depositarlo en lo alto de la montaña que estaría conectada mediante un cable con un globo que a su vez tendría un gran pararrayos. Dejarlo allí y esperar que un día cayera un rayo y convirtiera todo aquello en un monumento, en una masa transformada por el rayo. Podría tener la forma de una letra, construyéndola con el típico mecano en forma de “r” o de “y” o con la misma palabra “rayo”, y meter dentro todos los férricos.

Por su parte, Fernando Aguiar es el creador del soneto ecológico. “Integra 70 árboles dispuestos según la estructura y la rima del soneto, tiene 110 metros de largo y 36 metros de ancho, lo que lo transforma, ciertamente, en el mayor soneto del mundo. Más de 100 personas, entre niños, jóvenes, adultos y viejos (representando las 4 estaciones del año y de la vida) colaboraron en la plantación, al son de “Las Cuatro Estaciones” de Vivaldi. En una fase posterior, la “página” donde fue “escrito” el Soneto será cubierta de césped y tréboles. También serán construidos pequeños paseos en granito y se colocarán algunos bancos de jardín, para que el “SONETO ECOLÓGICO” pueda ser ampliamente utilizado y apreciado”.

Gonzalo Escarpa

Enlaces: Fernando Aguiar y el soneto ecológico, http://www.escaner.cl/escaner73/acorreo.html

Fernando Millán y el monumento al rayo,
http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/millan.htm

Imagen: vista aérea del proyecto “Soneto ecológico”

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Vinieron las lluvias

El horror en Londres

El forastero misterioso

Yo estoy bien, tú estás bien

La hoguera de las vanidades

Scarlett

El valido

Volvoreta

La muerte de Iván Illich

Narraciones

La hoja roja

La conducta de los animales

Perestroika

De la Tierra a la Luna

Relatos

La tía Tula

El baile de los malditos

.

y la última página era siempre

la primera del libro siguiente.

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Gonzalo Escarpa

Lectura recomendada: todos los libros del mundo

Imagen: poema visual escultórico de Ebon Heath

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La poesía se escapa de los textos, resbala de los libros dispuesta a convertirse en boca de león, en signo exclamativo, en zepelín. Hablan de ella, y ella habla de ellos. Entonces muchos dicen “ese árbol es poético, ese cine es poesía, esa felicidad es un poema”.

Pero es que la poesía es otra cosa. La poesía, que no se debe notar cuando es escrita, huye de los poetas cuando estos la acorralan.

Hay quien la sabe descifrar, darle brazos y piernas, activarla.

Jerry Rubin (fundador del movimiento yippie, “demasiado políticos para los hippies, demasiado hippies para los políticos”) logró que más de 2000 personas deambularan por Nueva York anunciando el falso final de la guerra de Vietnam en 1967. Unos meses antes se había colado en el edificio de la Bolsa con unos amigos para repartir billetes de dólar gratuitamente y había intentando ocupar el Pentágono, frente al que plantó una bandera del Vietcong.

Su mensaje es sencillo: “el papel del revolucionario consiste en crear una situación que genere un marco de referencia revolucionario”.

Sustituye “revolucionario” por “poeta” y “poético”. No existen situaciones más o menos poéticas per se, pero sí es posible provocarlas.

Poetas: a las armas. O a las almas. No entiendo bien la diferencia.

Gonzalo Escarpa

Lectura recomendada: Do it! Escenarios de la revolución. Jerry Rubin. Blackie Books.

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Se lo preguntaron a Juan Eduardo Cirlot en una entrevista en 1968 :

…para que un libro exista no es preciso ni siquiera editarlo, ni aún escribirlo. Basta haberlo pensado verdaderamente. Hay placas de resonancia y de registro en el universo que tienen más valor que los oídos o las miradas del oyente y del lector, aunque éste no sea jamás desdeñable.

(…) Si publico pocos ejemplares es porque creo que, en la actualidad, es muy difícil, o casi imposible, interesar por una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa. La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene una resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo.

Tuvimos suerte, Cirlot escribió muchos libros y su obra, sobre todo el ciclo de Bronwyn, es cada vez más conocida y valorada.

Pero, ¿quién es Bronwyn?

Una tarde de verano Cirlot conoció a Bronwyn en una pantalla, en la película de Franklin Schaffner El Señor de la Guerra. Bronwyn  es un nombre de mujer, el nombre de una doncella céltica que vivió hacia el año 1000 de nuestra era en Brabante y a la que en la película da vida la actriz Rosemary Forsyth.

“Nada sucedió después del visionado de la película”, dice su hija, Victoria Cirlot, en el prólogo de la editorial Siruela, ni siquiera una crítica, “pero Juan Eduardo Cirlot vio la luz de Bronwyn”. El amor de Cirlot por Bronwyn fue fértil y diverso. “Nos amábamos como ahora sólo en sueños soy capaz de amar”, dijo.

Cirlot concibió su poética como una investigación del ser y también como la exploración del espacio de lo antirreal, de lo que no acontece jamás. Experimentó con permutaciones, músicas al estilo serial de Schoenberg, Berg y Webern, y practicó una poesía hermética, pero también escribió poemas diáfanos:

Mira, son las nubes

¿te subes?

El ciclo Bronwyn está formado por dieciséis libros que poco parentesco formal tienen entre sí, pues van del soneto a la poesía fonética.

Como investigador escribió estudios sobre simbología y hermenéutica medieval. Pocos libros de consulta son tan recomendables para pensar, para reconocerse o para escribir como su Diccionario de Símbolos.

Marta Sanuy

Imagen: fotograma de El Señor de la guerra.

Lecturas recomendadas:

– Bronwyn.
– Diccionario de los Ismos.
– Diccionario de símbolos.
Juan Eduardo Cirlot. Editorial Siruela

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Cuentan que un enfurecido Borges no dudó en responder airadamente al bisoño reportero que se atrevió a plantearle la preguntita: “¿Y para qué sirven los pájaros, imbécil?”.

Henri Michaux lo tenía muy claro: “La poesía es absolutamente imprescindible, aunque no sepamos para qué”.

Pero realmente es el maestro Chicho Sánchez Ferlosio quien mejor ejemplifica la utilidad de la poesía en el inolvidable retrato que nos brinda de él Fernando Trueba en su remotísimo documental sobre el bardo de los Ferlosio, Mientras el cuerpo aguante. En esta cinta, equiparable por su exacta fusión del ámbito cinematográfico y literario a El desencanto de Chávarri, en la que somos testigos de la bellísima decadencia de la familia Panero, acompañamos a Ferlosio en su deambular por la vida mientras nos va contando algunas anécdotas, como la de las coplas que le escribió al ayuntamiento de Cádiz. Allí se había llegado con Sabina, Krahe, Teresa Cano y Rosa para dar un concierto, que la organización no tuvo a bien pagar sin un buen retraso. Ferlosio se quedó en Cádiz para cobrar las 50000 pesetas prometidas, pero el cobro se retrasaba cada vez más pues el señor Gelos, responsable del mismo, no estaba por allí. Así que Chicho se entretuvo componiendo una letra alusiva. Transcribo, aproximadamente, lo que cuenta:  “Me puse un día a escribir y me salieron unas coplas contando la situación. Y me dije, hombre, se las voy a enseñar al tío que me recibe en el ayuntamiento y que siempre me da largas, para ver lo que piensa. Y le dije: mire, yo en este tiempo, que no tengo nada que hacer, me he entretenido haciendo estas coplas. El tío las leyó y se quedó lívido.Y le dije, bueno, entonces volveré el lunes. Pero, en cuanto leyó las coplas, me adelantaron 10000 pesetas. Unos días después se me ocurrió una musiquilla, y volví al ayuntamiento. Otra vez me querían dar largas, pero le dije: las coplas tienen música (risas).  Y me pagaron aquel mismo día”.

Sí, hubo una época en la que la palabra, acompañada de música, era capaz de propagarse y crecer en la boca de todos, hasta el punto de atemorizar a todo un ayuntamiento. (Hace poco un músico poeta aconsejaba resilabizar esta palabra, y proponía un más adecuado “ay untamiento”).

Aquí va la copla que obró el milagro del pago:

Permítame usted que hable:
yo he venido aquí a cobrar,
si lo piensan demorar,
¿quién se va a hacer responsable?
¿Eh?

No tienen al señor Gelos
y así mi fortuna mengua,
pero lo que es en la lengua
yo tampoco tengo pelos,
¿eh?

En la lengua ni en la pluma,
porque estoy hasta los huevos
de estos políticos nuevos
que el viejo Estado rezuma,
¿eh?

Entre estas blancas paredes
hay mucha negra rutina:
el tiempo que se avecina
no es el de vuesas mercedes,
¿eh?

He pasado varios días
de un tiempo que ya no es oro
pero, pasado, lo añoro
igual que sus señorías,
¿eh?

Si no me pagan les juro
que esto y más se irá imprimiendo
a ver si lo voy vendiendo
y saliendo del apuro,
¿eh?

El propio señor alcalde
deje claro cuanto antes
que el tiempo de los cantantes
no se gasta más en balde,
¿eh?

Gonzalo Escarpa

Imagen: cartel promocional de Mientras el cuerpo aguante

Link: http://www.youtube.com/watch?v=BDj4dF6g654

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